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Tartamudez habría empeorado con la pandemia

Falta de socialización por parte de los niños más pequeños y dificultades en las clases virtuales para el caso de jóvenes y adolescentes, serían algunas de las principales razones del aumento de los casos de la disfluencia o tartamudez, un trastorno del habla que le dificulta a la persona decir lo que quiere.

Así lo asegura la fonoaudióloga Mabel Martínez Roa, docente de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la Universidad del Rosario y la Escuela Colombiana de Rehabilitación, quien en el marco de su conferencia “Disfluencia: intervención desde la fonoaudiología”, socializada en el programa #SaludUNALContigo, reveló que durante la pandemia sus consultas médicas por pacientes con esta condición se habrían disparado notoriamente.

La disfluencia es un trastorno de la fluidez del habla, que se manifiesta de diferentes maneras con una gran variedad de síntomas y una amplia diversidad interpersonal. En todos los casos, los oyentes o el propio sujeto perciben como si las palabras se negaran a salir de la boca con suficiente suavidad, velocidad y ritmo. Esta patología del habla y de la comunicación genera gran preocupación entre los padres, ya que si persiste puede llegar a constituir un problema emocional a futuro.

Esto le genera al individuo temor a situaciones comunicativas, movimientos de los ojos, labios y cuello, que se presentan en todas las culturas y tiempos. Aparece en niños pequeños, adolescentes y adultos de todas las culturas; se estima que el 1 % de la población entre los 3 y 4 años es la de mayor riesgo.

“El año pasado el aumento de este trastorno en los más pequeños está relacionado con el confinamiento, ya que no tuvieron la oportunidad de ir al jardín, retrasando así los procesos del habla que se dan de manera social en ambientes comunicativos diversos y significativos como el ámbito escolar. Algunos preadolescentes también tuvieron dificultades con las clases virtuales, ya que se les dificultaba expresarse verbalmente, por lo que sentían mucha angustia y miedo, entre otros impactos”.

Ante este fenómeno, la profesora Martínez hizo una exhaustiva revisión teórica y bibliográfica para determinar qué estaba pasando con los niños y establecer si efectivamente se trataba de una disfluencia o de procesos que se están dando de manera equivocada en el desarrollo o que se confunden con etapas de retraso, pero son normales.

Según un estudio nacional de 2014, la tartamudez se puede originar de forma espontánea en el 4 % de los niños, de los cuales el 75 % se recupera durante la infancia y el 25 % sigue presentando episodios de disfluencia durante la adultez. Quienes no se tratan de forma temprana, difícilmente logran recuperar la fluidez del habla. “Se recomienda que desde los 2 años y medio se empiecen a hacer procesos terapéuticos, pues se ha evidenciado que en estas edades se consigue un mayor éxito”, resalta la doctora Martínez.

Avances, pero sin efectividad total

Según la especialista, a la fecha ninguno de los tratamientos es 100 % efectivo, pues los casos en que el paciente logra una fluidez se deben a que ha hecho muchos ejercicios y distintas terapias, pero esa fluidez nunca llega a ser perfecta.

Sin embargo, reconoce que en su experiencia ha logrado muy buenos resultados integrando una metodología rehabilitadora, en la cual usa elementos de juicio como el lenguaje, el habla, el manejo tecnológico y otros.

“En el área del lenguaje se deben trabajar todos los componentes, como actividades cognitivas, que involucran dispositivos básicos, funciones ejecutivas, lista de palabras y elementos de estimulación lingüística, sobre todo para niños pequeños. En aquellos de de 4 a 8 años trabajamos circuitos, actividades motoras y lingüísticas simultáneamente, en los cuales la intervención de otras áreas interdisciplinares mejoran los resultados”, detalla.

Describe además que en el habla se hacen ejercicios prácticos, de procesos motores básicos, pautas de habla, lista de palabras, respiración y fonación, entre otros.

Trabajo en familia

La profesora Martínez advierte que el trabajo con la familia es fundamental, ya que si no se tiene una familia que apoye, sobre todo en los niños pequeños, será muy difícil lograr avances en las terapias.

“Este apoyo debe estar soportado en la escucha, la comprensión y el manejo para que los chicos estén más tranquilos en ambientes comunicativos, ya que es normal que el niño prefiera señalar todo con sus dedos en vez de comunicarse por temor a ser señalado”.

Resalta la importancia de no dejar de lado el hecho de que los más pequeños se enfrentan al bullying, ansiedad y miedo constante, por lo que una buena alternativa de ayuda puede ser el yoga, la meditación, el seguimiento profesional a la familia, terapia individual, un apoyo académico, y en general un trabajo integral hace que se vuelvan casos exitosos y que se identifiquen temprano.


Conoce más proyectos y contacta a los investigadores a través del sitio web de la División de Extensión sede Bogotá o mediante el correo deb_bog@unal.edu.co.

  • Contenido elaborado por la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia. Consulta los detalles en este enlace.
  • Foto de portada: Unimedios.

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